El reinado de Luis XIV (1643-1715), llamado "Luis el Grande" o el "Rey Sol" por la brillantez de su corte, marcó uno de los momentos más importantes de la historia francesa tanto desde el punto de vista político como cultural. Fue el máximo representante del absolutismo monárquico, que resumió en la frase "El Estado soy yo". Fue rey de Francia y de Navarra. También fue copríncipe de Andorra y conde rival de Barcelona durante la sublevación catalana (1643-1652), conocido como Luis II.
Luis XIV fue el primogénito y sucesor de Luis XIII y de Ana de Austria (hija del rey Felipe III de España). Incrementó el poder y la influencia francesa en Europa, combatiendo en tres grandes guerras: la Guerra de Holanda, la Guerra de los Nueve Años y la Guerra de Sucesión Española La protección a las artes que ejerció el soberano Luis XIV fue otra faceta de su acción política. Cronología
1638
Nace en Saint-Germain-en-Laye, París (Francia).
1643
Fallece su padre, el rey Luis XIII. Su madre, Ana de Austria, pasa a ocupar la regencia y confía las tareas de gobierno al cardenal Mazarino.
1648-53
Levantamientos antimonárquicos de la Fronda.
1654
Es coronado rey en la catedral de Reims. Como su madre, delega las tareas de gobierno en el cardenal Mazarino.
1659
Los enfrentamientos con España finalizan con la firma de la Paz de los Pirineos.
1660
Contrae matrimonio con María Teresa de Austria, hija de Felipe IV de España.
1661
Tras la muerte del cardenal Mazarino, asume personalmente el gobierno: inicio de la monarquía absoluta.
1667-68
Guerra de Devolución.
1668
Firma de la paz de Aquisgrán. Francia obtiene parte de Flandes.
1672-78
Guerra de Holanda.
1678
Firma del Tratado de Nimega, que concede a Francia grandes ventajas territoriales y comerciales.
1682
Traslado de la corte al nuevo palacio de Versalles.
1683
Fallece María Teresa de Austria. Contrae matrimonio con Madame de Maintenon.
1685
Revoca el Edicto de Nantes, lo que obliga a los hugonotes a convertirse al catolicismo o exiliarse.
1688-97
Guerra de la Liga de Augsburgo o de los Nueve Años.
1697
Paz de Ryswick. Francia debe devolver la mayoría de los territorios ocupados durante el conflicto.
1701-13
Guerra de Sucesión.
1713
Firma del Tratado de Utrecht, que liquida la hegemonía francesa y restablece el equilibrio europeo.
1715
Muere en Versalles.
Infancia
Luis XIV nació en Saint-Germain-en-Laye, París (Francia) el 5 de Septiembre de 1638 y murió en Versalles en 1715. Fue hijo de Luis XIII y de Ana de Austria, quien influyó en su carácter y al parecer, fue la responsable de su mediocre instrucción. El joven soberano creció solitario y descuidado por su madre, que le inculcó una religiosidad intransigente y la majestad de los Habsburgo.
A la muerte de su padre Luis XIII (1643), Luis se convirtió en rey con sólo cinco años, bajo la tutela de su madre y el gobierno del Cardenal Mazarino. En 1648 los nobles y el Parlamento de París se aliaron contra el poder de Mazarino (guerra de Fronda), obligando a la familia real a llevar una existencia errante, que forjó el carácter del monarca y su determinación de imponer su autoridad sobre las demás fuerzas del reino. La victoria de Mazarino sobre los rebeldes (1653) permitió al ministro pacificar el país. Mazarino inculcó a su pupilo el gusto por las artes y la ceremonia. En 1654 es coronado rey en la catedral de Reims y pronto asumió sus deberes militares en la fase final de la guerra contra España en 1658. Siguiendo los consejos de Mazarino firmó la paz con España en los Pirineos (1659), mediante el matrimonio de Luis XIV con María Teresa de Austria (hija de Felipe IV).
Primera etapa de Reinado
A la muerte de Mazarino en 1661 Luis XIV sorprendió a la corte con su decisión de ejercer personalmente el poder. Su concepto de una monarquía "de derecho divino" le convertía en un auténtico lugarteniente de Dios en la Tierra. Dueño de un poder absoluto, su persona y su voluntad adquirían un carácter sagrado e inviolable. Influido por estas ideas, se esforzó por controlar todas las actividades de gobierno, desde la regulación de la etiqueta cortesana hasta las reformas económicas y disputas religiosas. Para estas tareas se rodeó de eficaces ministros y colaboradores (Le Teller, Colbert, Vauban, Bossuet etc.) elegidos preferentemente entre la burguesía y más dóciles a sus deseos que los nobles. Su primera preocupación fue someter a su autoridad a los demás poderes del reino: los estados generales (parlamentos) no fueron convocados en sus 54 años de gobierno efectivo, mientras las asambleas locales eran suprimidas o privadas de competencias. Reformó la administración ayudado por Colbert y Le Teller, centralizando el gobierno por medio de un consejo y varias secretarías de Estado (Guerra, Asuntos Exteriores, Casa del Rey, Asuntos Religiosos), y las finanzas a través de un Consejo Real. La administración territorial se confió a intendentes sometidos a un estrecho control por la monarquía.
La nobleza, fuente de constantes rebeliones, en los años anteriores, fue excluida de los órganos de gobierno, aunque se le reconocieron privilegios sociales y fiscales para contentarla. Pero lo más importante fue atraerla a la corte. Los aristócratas acudieron al entorno real en busca de pensiones y honores. Los tremendos gastos de la brillante vida cortesana impuesta por el rey redujeron el poder económico de los nobles, que acabaron dependiendo del favor real para mantener su nivel de vida, asegurando así su docilidad.
Mecenazgo de las artes. La protección a las artes que ejerció el monarca fue otra faceta de su acción política. Los escritores Molière y Racine, el músico Lully o el pintor Rigaud ensalzaron su gloria. Intentó elevar el nivel cultural mediante la Academia de las Bellas Artes y la Academia de Francesa en Roma y la Academia de las Ciencias. El nuevo y fastuoso palacio de Versalles obra de Le Vau, Le Brun y le Notre fue la culminación de esa política. Al trasladar allí la corte (1682) se alejó de la insalubridad y las intrigas de Paris y pudo controlar mejor a la nobleza.
Regulación de la economía. Todos estos gastos fueron posibles gracias a las reformas económicas promovidas por Jean Baptista Colbert, ministro de Finanzas. Colbert, antiguo intendente de Mazarino y hombre de gran inteligencia política, fue su principal consejero durante buena parte del reinado. Nombrado controlador general de finanzas, se encargó de la reorganización del Consejo de Hacienda y recibió las secretarías de estado de la Marina y de la Casa del Rey. De él dependían los intendentes de provincias, el comercio, la navegación, las aguas y bosques y las colonias ultramarinas. Para evitar la concentración de poder en manos de Colbert, Luis XIV entregó los ministerios del ejército de tierra y de política exterior a otros consejeros.
Además de aumentar y mejorar la percepción de impuestos, crearon compañías comerciales, se desarrolló la marina y se construyeron puertos, caminos y canales que facilitaron comunicaciones y el comercio.
Luis XIV y la Iglesia. El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra y la obediencia del clero le proporcionar la justificación de su derecho divino. Pero por esta misma época se produjo la "crisis de las regalías" (1673-75) , que culminó con una amenaza de excomunión cuando Luis pretendió percibir las rentas de los obispados (regalías). La visión de Luis XIV era que el desarrollo interior debía ir parejo a la grandeza exterior centrada en la expansión territorial. Por sus enormes recursos y la potencia de su ejército, Francia podía aspirar a hacer efectivo el puesto hegemónico en Europa que había perdido España. A la muerte de Felipe IV, Luis reclamó los Países Bajos españoles como parte de la herencia de su mujer María Teresa. Precisamente, la Guerra de Devolución (1667-1668) arrebató a los Austrias parte de sus posesiones en los Países Bajos, aunque la presión inglesa y holandesa obligó a Francia a renunciar temporalmente a sus pretensiones. Esta guerra acabo con la Paz de Aquisgrán en 1668. La hostilidad contra Holanda se incrementaba por la rivalidad marítima mercantil, y Luis decidió invadirla en 1672-1678. Pronto, Austria y España se coligaron en apoyo de Holanda. La Paz de Nimega (1679) amplió las fronteras de Francia por el Norte y por el Este, aunque Holanda logró mantener su independencia. El año 1682 marcó el apogeo del reinado de Luis XIV. Victorioso en Europa y todopoderoso en la nueva corte de Versalles, una asamblea del clero de Francia aprobó el edicto de los "cuatro artículos" por el cual se proclamaba la independencia del poder real respecto al Papa. En 1682 fallece María Teresa de Austria y contrae matrimonio con Madame de Maintenon. En 1683 fallece Colbert y es sustituido por Luvois.
En 1685 la revocación del Edicto de Nantes significó el fin de la tolerancia entre los protestantes (hugonotes) y les obligó a convertirse al catolicismo o tuvieron que exiliarse. La pérdida de una importante minoría de artesanos, comerciantes y financieros tuvieron graves consecuencias para el reino. También se persiguió a los católicos críticos, jansenistas. Estos hechos aumentaron más tanto su enemistad con Roma como de los protestantes de Holanda e Inglaterra.
Últimos años de Reinado
Tras el primer período de éxitos internacionales, suele señalarse en el reinado de Luis XIV una larga época de declive que se prolongó hasta la muerte del rey en 1715. En este período se desarrollaron las dos grandes guerras de coalición que habrían de poner en cuestión la hegemonía francesa en el continente: la de la Liga de Augsburgo o de los Nueve Años (1688-1697) y la de Sucesión al trono de España (1700-1713). Dos conflictos de larga duración que coincidieron con momentos de crisis económica (las hambrunas de 1693 y 1709) y produjeron reveses militares insólitos hasta entonces. Los problemas comenzaron cuando Luis XIV empezó a anexionar territorios en torno al Rhin con pretextos jurídicos (1688), al tiempo que apoyaba a los Estuardo en sus intentos por recuperar el trono, y disputaba a ingleses y holandeses el dominio de los mares. La hostilidad europea se tradujo en una Gran Alianza (Holanda, Inglaterra y el Imperio). En la Paz de Ryswick (1697), Luis XIV tuvo que renunciar a gran parte de sus adquisiciones, además de reconocer como rey de Inglaterra a Guillermo III de Orange, al que ya se había enfrentado en su invasión a Holanda. También tuvo que doblegarse ante Roma y abolir los cuatro capítulos galicanos (1693). Luis XIV intentó restaurar las finanzas y se rodeó de un nuevo grupo de colaboradores (ChamiIlard, Torc Desmaretz) más leales y menos brillantes que sus predecesores. Pero la recuperación económica fue impedida por una nueva campaña exterior. Al morir Carlos II de España sin herederos habla nombrando sucesor al duque Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV. Aquel aceptó la herencia, pero se negó a renunciar a sus derechos al trono francés, lo que provocó la inmediata hostilidad de Inglaterra y Holanda, temerosas de la eventual unión entre la potencia continental de Francia y el imperio colonial español. Por tanto, apoyaron las pretensiones del candidato austriaco Carlos de Habsburgo, hijo del emperador Leopoldo I. La guerra de Sucesión española (1701-15) se convirtió en un nuevo conflicto europeo. Los esfuerzos que exigió fueron fatales para Francia, que estuvo a punto de perder todos los territorios que había ganado en la centuria anterior. Las últimas victorias francesas en Villaviciosa (1710) y Denain (l7l2) y el agotamiento general de los contendientes permitieron a Francia alcanzar una paz honrosa en Utrecht. (1713). Felipe V fue reconocido como rey de España, y Francia retuvo varios territorios en Flandes y el Rhin, aunque se evidenció la pérdida de su hegemonía en Europa. Retirado en Versalles y privado de sus herederos directos, Luis XIV intentó asegurar la sucesión para su hijo ilegítimo, el duque del Maine. El heredero del trono era su bisnieto (hijo del duque de Borgoña, hijo a su vez del Gran Delfín, su hijo), de apenas cuatro años. Sintiendo que no alcanzaría la mayoría de edad del próximo rey, Luis XIV llama a su presencia al duque de Orleáns, su sobrino, quien debería asumir la regencia. El Rey Sol tiene ya más de setenta años y vivirá todavía otros siete. Todos sus hijos y nietos han muerto. El monarca continúa ocupándose de los problemas del Estado. La muerte de Luis XIV comienza el 10 de agosto de 1715. A su regreso de caza de Marly, el Rey siente un dolor intenso en la pierna. Su médico Fagon le diagnostica una ciática. Pero pronto aparecen manchas negras: se trata de una gangrena senil. A pesar de los terribles dolores, el Rey se dedica a sus ocupaciones habituales sin rechistar. Pretende asumir sus funciones hasta el final. El viejo roble parece invencible y despierta la admiración de todo el mundo. Pero el 25 de agosto, el día de su cumpleaños, se ve obligado a guardar cama. Desde ese momento, ya no abandonará la habitación. La gangrena sigue desarrollándose y llega al hueso el día 26. Los médicos se sienten impotentes. Ese mismo día, el Rey recibe a su biznieto de 5 años, el futuro Luis XV, para prodigarle sus consejos. Le recomienda que alivie a su pueblo y que evite en lo posible hacer la guerra. Pero la muerte se alarga más de los previsto. El Rey se despide de Madame de Maintenon en tres ocasiones, y de la Corte en dos ocasiones. El 19 de septiembre de 1715 se oyen en París los tambores que redoblan pausadamente, y los pajes anuncian en cada esquina: ¡El rey ha muerto!
Curiosidades
Con sólo cinco años ya estaba en el poder a la muerte de su progenitor. Los juguetes predilectos del rey eran soldados. Un orfebre de Nancy que había hecho todo un ejército de soldados de plata. Tanto como a sus soldados el amaba los cuentos que le contaban antes de acostarlo. Su cuento favorito era " Piel de Asno". A los nueve años estuvo bastante grave ya que enfermó de viruela. Luis XIV escogió el sol como emblema. El sol representa a Apolo, dios de la paz y de las artes; también es el astro que da vida a todas las cosas, que es la regularidad en sí misma, que sale y se pone. A imagen del dios, Luis XIV, héroe guerrero, trae la paz, protege las artes y es el dispensador de todas las gracias.
A Luis le gustaba jugar a la Oca o a las cartas. Apostaba fuertes sumas de dinero. Al rey le gustaba representar piezas teatrales al igual que su padre era amante de comedias. EL rey era ventrílocuo y otro arte es que tocaba la guitarra. Amaba el baile y era un excelente bailarín.
Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su enorme influencia, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y, como no, sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas... Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.
Luis XIV lució tacones para disimular su corta estatura. Fue el primer hombre que utilizó tacones altos y revolucionó la moda del calzado. Prohibió al resto de la corte usara estos nuevos zapatos con la pena de muerte.
Durante 72 años, los que permaneció en el poder, más tiempo que ningún otro monarca. Las extravagancias de un Rey todopoderoso no tardaron en aparecer. Se estima que una media de cien personas, todos hombres, asistía, a diario, al despertar del Rey para presenciar el aseo, peinado, afeitado y desayuno del monarca. El almuerzo de Luis XIV, en un principio privado, se convirtió también en un acto público -similar al despertar- en el que los asistentes eran meros observadores. Pero, además, impuso puntillosas reglas que designaban la superioridad de aquellos que podían dirigirse a los grandes personajes, cuándo y dónde. Y es que para el monarca, el arte del aparentar era realmente primordial. De hecho, para ganarse los favores del Rey, aspectos como la belleza física o la posesión de fortuna suficiente para poder cambiar varias veces al día de indumentaria adquirieron una enorme importancia. Luis XIV -un hombre ilustrado donde los haya e irresistible por su enorme autoridad- conquistó a numerosas mujeres de la corte. Pese a todo, sólo contrajo matrimonio en dos ocasiones: en 1660 con la infanta española María Teresa, hija del Rey de España Felipe IV, y en con madame Maintenon, quien le instó para que contuviera la inmoralidad imperante en la corte. La reina María Teresa, baja y regordeta, hablaba con dificultad el francés y vivía casi ignorada pero en perpetua adoración de su esposo, al que daría seis hijos, todos fallecidos en la infancia, a excepción del gran delfín. El régimen de las amantes oficiales había empezado al poco tiempo de su casamiento, cuando el rey estableció una estrecha relación con su cuñada madame Enriqueta, duquesa de Orleans y, para evitar el escándalo, tomó por amante a una dama de honor de ésta, Louise de La Vallière. Era una muchacha tímida y algo coja, de dieciséis años, que le dio tres hijos ilegítimos que serían criados por la esposa de Colbert. En 1667 La Vallière fue reemplazada por François-Athénaïs de Rochechuart, la espléndida marquesa de Montespan, que durante diez años dominó al rey y a la corte como la verdadera sultana de las fiestas de Versalles. Sus numerosos alumbramientos (siete en total) fueron tema del parlamento, que legitimó a los cuatro hijos bastardos que sobrevivieron. El rey se separó de ella cuando vio implicada en el llamado caso de los venenos, y fue acusada de brujería y asesinato.
Periódico:
LE MONDE
JEUDI 5 SEPTEMBRE 1682
FIESTA DE INAGURACIÓN DEL PALACIO DE VERSALLES
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Hoy se celebra la fiesta de inauguración del Palacio de Versalles. Su Majestad el rey Luis XIV ha invitado a toda la Corte y a las autoridades eclesiásticas.
El traslado del rey y toda su corte fue el pasado mayo de 1682.
Luis XIV ha dejado la insalubridad de París y ha decidido construir aquí una pequeña ciudad alejada de los problemas y de las conspiraciones.
Nos informan que a Versalles se han trasladado veinte mil personas, además de nueve mil soldados acuartelados en la villa. En Palacio viven mil cortesanos y cuatro mil sirvientes.
Como todos sabemos, el palacio está construido para simbolizar la majestad y grandeza de nuestro monarca; así, su dormitorio, ocupa un lugar central en el eje este-oeste, siendo a la vez lugar de culto y emanación de poder. Pero al monarca ama el orden y su vida diaria se desarrolla siguiendo la ruta solar, de este a oeste, y cada acto está programado hasta la saciedad, incluso en sus más íntimos detalles. La vida cotidiana del Rey Sol se convierte en materia de culto, desarrollándose complejas ceremonias que rodean ritualmente a actos personales como el "lever" o el "coucher" del monarca, asimilados al amanecer o el atardecer del Sol. Libros de protocolo describen y reglamentan los actos, como si de una obra teatral se tratase, describiendo cada movimiento de los numerosísimos servidores y previendo cualquier incidencia. El ceremonioso monarca pasa horas antes de dejar la cama y vestirse por completo; la Corte está presente en todos sus actos: la cercanía al Rey simboliza su presencia y participación en el esplendor del firmamento. Los aristócratas más cercanos observan como un privilegio servir a su rey hasta en las tareas más íntimas, y se instalan en pequeñas dependencias anexas.
El rey recibe a los cortesanos en las grandes salas, una fila de piezas enormes, la mayor, la Galería de los espejos, de 72 metros de larga por 10 de ancha y 13 de alta. Las paredes están cubiertas con grandes espejos que adornan trofeos de cobre dorado, los muebles son de plata maciza, cincelada. Por la noche se encienden los candelabros. Toda la Corte se reúne tres veces a la semana, de las siete a las diez.
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La fiesta tendrá lugar en los fastuosos jardines de Palacio y empezará a las 19:00 horas e irá seguido de una cena a las 22:00 horas. A continuación habrá baile y la fiesta terminará con un carrusel de fuegos artificiales.
Nos gustaría poder realizar a su Majestad varias preguntas:
- Majestad, Dicen que dispone el palacio de salas especiales para sus aficiones personales como la Sala de Pelucas, la de Billar o la Sala de Cuadros ¿es verdad?
- Majestad, sabemos que es aficionado a jugar al billar y a otros juegos de azar ,¿es verdad que ha perdido en seis meses un millón francos, pues le gusta jugar una gran suma a una sola carta?
- Excelencia, ¿asistirá esta noche, madame Maintenon a su fiesta? ¿es verdad que vive en uno de los apartamentos de Palacio? ¿qué opina la reina?
Introducción
El reinado de Luis XIV (1643-1715), llamado "Luis el Grande" o el "Rey Sol" por la brillantez de su corte, marcó uno de los momentos más importantes de la historia francesa tanto desde el punto de vista político como cultural. Fue el máximo representante del absolutismo monárquico, que resumió en la frase "El Estado soy yo".
Fue rey de Francia y de Navarra. También fue copríncipe de Andorra y conde rival de Barcelona durante la sublevación catalana (1643-1652), conocido como Luis II.
Luis XIV fue el primogénito y sucesor de Luis XIII y de Ana de Austria (hija del rey Felipe III de España). Incrementó el poder y la influencia francesa en Europa, combatiendo en tres grandes guerras: la Guerra de Holanda, la Guerra de los Nueve Años y la Guerra de Sucesión Española La protección a las artes que ejerció el soberano Luis XIV fue otra faceta de su acción política.
Cronología
Infancia
Luis XIV nació en Saint-Germain-en-Laye, París (Francia) el 5 de Septiembre de 1638 y murió en Versalles en 1715.
Fue hijo de Luis XIII y de Ana de Austria, quien influyó en su carácter y al parecer, fue la responsable de su mediocre instrucción. El joven soberano creció solitario y descuidado por su madre, que le inculcó una religiosidad intransigente y la majestad de los Habsburgo.
A la muerte de su padre Luis XIII (1643), Luis se convirtió en rey con sólo cinco años, bajo la tutela de su madre y el gobierno del Cardenal Mazarino.
En 1648 los nobles y el Parlamento de París se aliaron contra el poder de Mazarino (guerra de Fronda), obligando a la familia real a llevar una existencia errante, que forjó el carácter del monarca y su determinación de imponer su autoridad sobre las demás fuerzas del reino.
La victoria de Mazarino sobre los rebeldes (1653) permitió al ministro pacificar el país. Mazarino inculcó a su pupilo el gusto por las artes y la ceremonia.
En 1654 es coronado rey en la catedral de Reims y pronto asumió sus deberes militares en la fase final de la guerra contra España en 1658. Siguiendo los consejos de Mazarino firmó la paz con España en los Pirineos (1659), mediante el matrimonio de Luis XIV con María Teresa de Austria (hija de Felipe IV).
Primera etapa de Reinado
A la muerte de Mazarino en 1661 Luis XIV sorprendió a la corte con su decisión de ejercer personalmente el poder. Su concepto de una monarquía "de derecho divino" le convertía en un auténtico lugarteniente de Dios en la Tierra. Dueño de un poder absoluto, su persona y su voluntad adquirían un carácter sagrado e inviolable. Influido por estas ideas, se esforzó por controlar todas las actividades de gobierno, desde la regulación de la etiqueta cortesana hasta las reformas económicas y disputas religiosas. Para estas tareas se rodeó de eficaces ministros y colaboradores (Le Teller, Colbert, Vauban, Bossuet etc.) elegidos preferentemente entre la burguesía y más dóciles a sus deseos que los nobles.
Su primera preocupación fue someter a su autoridad a los demás poderes del reino: los estados generales (parlamentos) no fueron convocados en sus 54 años de gobierno efectivo, mientras las asambleas locales eran suprimidas o privadas de competencias. Reformó la administración ayudado por Colbert y Le Teller, centralizando el gobierno por medio de un consejo y varias secretarías de Estado (Guerra, Asuntos Exteriores, Casa del Rey, Asuntos Religiosos), y las finanzas a través de un Consejo Real. La administración territorial se confió a intendentes sometidos a un estrecho control por la monarquía.
La nobleza, fuente de constantes rebeliones, en los años anteriores, fue excluida de los órganos de gobierno, aunque se le reconocieron privilegios sociales y fiscales para contentarla. Pero lo más importante fue atraerla a la corte. Los aristócratas acudieron al entorno real en busca de pensiones y honores. Los tremendos gastos de la brillante vida cortesana impuesta por el rey redujeron el poder económico de los nobles, que acabaron dependiendo del favor real para mantener su nivel de vida, asegurando así su docilidad.
Mecenazgo de las artes. La protección a las artes que ejerció el monarca fue otra faceta de su acción política. Los escritores Molière y Racine, el músico Lully o el pintor Rigaud ensalzaron su gloria. Intentó elevar el nivel cultural mediante la Academia de las Bellas Artes y la Academia de Francesa en Roma y la Academia de las Ciencias. El nuevo y fastuoso palacio de Versalles obra de Le Vau, Le Brun y le Notre fue la culminación de esa política. Al trasladar allí la corte (1682) se alejó de la insalubridad y las intrigas de Paris y pudo controlar mejor a la nobleza.
Regulación de la economía. Todos estos gastos fueron posibles gracias a las reformas económicas promovidas por Jean Baptista Colbert, ministro de Finanzas. Colbert, antiguo intendente de Mazarino y hombre de gran inteligencia política, fue su principal consejero durante buena parte del reinado. Nombrado controlador general de finanzas, se encargó de la reorganización del Consejo de Hacienda y recibió las secretarías de estado de la Marina y de la Casa del Rey. De él dependían los intendentes de provincias, el comercio, la navegación, las aguas y bosques y las colonias ultramarinas. Para evitar la concentración de poder en manos de Colbert, Luis XIV entregó los ministerios del ejército de tierra y de política exterior a otros consejeros.
Además de aumentar y mejorar la percepción de impuestos, crearon compañías comerciales, se desarrolló la marina y se construyeron puertos, caminos y canales que facilitaron comunicaciones y el comercio.
Luis XIV y la Iglesia. El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra y la obediencia del clero le proporcionar la justificación de su derecho divino. Pero por esta misma época se produjo la "crisis de las regalías" (1673-75) , que culminó con una amenaza de excomunión cuando Luis pretendió percibir las rentas de los obispados (regalías).
La visión de Luis XIV era que el desarrollo interior debía ir parejo a la grandeza exterior centrada en la expansión territorial. Por sus enormes recursos y la potencia de su ejército, Francia podía aspirar a hacer efectivo el puesto hegemónico en Europa que había perdido España. A la muerte de Felipe IV, Luis reclamó los Países Bajos españoles como parte de la herencia de su mujer María Teresa. Precisamente, la Guerra de Devolución (1667-1668) arrebató a los Austrias parte de sus posesiones en los Países Bajos, aunque la presión inglesa y holandesa obligó a Francia a renunciar temporalmente a sus pretensiones. Esta guerra acabo con la Paz de Aquisgrán en 1668. La hostilidad contra Holanda se incrementaba por la rivalidad marítima mercantil, y Luis decidió invadirla en 1672-1678. Pronto, Austria y España se coligaron en apoyo de Holanda. La Paz de Nimega (1679) amplió las fronteras de Francia por el Norte y por el Este, aunque Holanda logró mantener su independencia.
El año 1682 marcó el apogeo del reinado de Luis XIV. Victorioso en Europa y todopoderoso en la nueva corte de Versalles, una asamblea del clero de Francia aprobó el edicto de los "cuatro artículos" por el cual se proclamaba la independencia del poder real respecto al Papa. En 1682 fallece María Teresa de Austria y contrae matrimonio con Madame de Maintenon. En 1683 fallece Colbert y es sustituido por Luvois.
En 1685 la revocación del Edicto de Nantes significó el fin de la tolerancia entre los protestantes (hugonotes) y les obligó a convertirse al catolicismo o tuvieron que exiliarse. La pérdida de una importante minoría de artesanos, comerciantes y financieros tuvieron graves consecuencias para el reino. También se persiguió a los católicos críticos, jansenistas. Estos hechos aumentaron más tanto su enemistad con Roma como de los protestantes de Holanda e Inglaterra.
Últimos años de Reinado
Tras el primer período de éxitos internacionales, suele señalarse en el reinado de Luis XIV una larga época de declive que se prolongó hasta la muerte del rey en 1715. En este período se desarrollaron las dos grandes guerras de coalición que habrían de poner en cuestión la hegemonía francesa en el continente: la de la Liga de Augsburgo o de los Nueve Años (1688-1697) y la de Sucesión al trono de España (1700-1713). Dos conflictos de larga duración que coincidieron con momentos de crisis económica (las hambrunas de 1693 y 1709) y produjeron reveses militares insólitos hasta entonces.
Los problemas comenzaron cuando Luis XIV empezó a anexionar territorios en torno al Rhin con pretextos jurídicos (1688), al tiempo que apoyaba a los Estuardo en sus intentos por recuperar el trono, y disputaba a ingleses y holandeses el dominio de los mares. La hostilidad europea se tradujo en una Gran Alianza (Holanda, Inglaterra y el Imperio). En la Paz de Ryswick (1697), Luis XIV tuvo que renunciar a gran parte de sus adquisiciones, además de reconocer como rey de Inglaterra a Guillermo III de Orange, al que ya se había enfrentado en su invasión a Holanda. También tuvo que doblegarse ante Roma y abolir los cuatro capítulos galicanos (1693).
Luis XIV intentó restaurar las finanzas y se rodeó de un nuevo grupo de colaboradores (ChamiIlard, Torc Desmaretz) más leales y menos brillantes que sus predecesores. Pero la recuperación económica fue impedida por una nueva campaña exterior.
Al morir Carlos II de España sin herederos habla nombrando sucesor al duque Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV. Aquel aceptó la herencia, pero se negó a renunciar a sus derechos al trono francés, lo que provocó la inmediata hostilidad de Inglaterra y Holanda, temerosas de la eventual unión entre la potencia continental de Francia y el imperio colonial español. Por tanto, apoyaron las pretensiones del candidato austriaco Carlos de Habsburgo, hijo del emperador Leopoldo I.
La guerra de Sucesión española (1701-15) se convirtió en un nuevo conflicto europeo. Los esfuerzos que exigió fueron fatales para Francia, que estuvo a punto de perder todos los territorios que había ganado en la centuria anterior. Las últimas victorias francesas en Villaviciosa (1710) y Denain (l7l2) y el agotamiento general de los contendientes permitieron a Francia alcanzar una paz honrosa en Utrecht. (1713).
Felipe V fue reconocido como rey de España, y Francia retuvo varios territorios en Flandes y el Rhin, aunque se evidenció la pérdida de su hegemonía en Europa.
Retirado en Versalles y privado de sus herederos directos, Luis XIV intentó asegurar la sucesión para su hijo ilegítimo, el duque del Maine. El heredero del trono era su bisnieto (hijo del duque de Borgoña, hijo a su vez del Gran Delfín, su hijo), de apenas cuatro años. Sintiendo que no alcanzaría la mayoría de edad del próximo rey, Luis XIV llama a su presencia al duque de Orleáns, su sobrino, quien debería asumir la regencia.
El Rey Sol tiene ya más de setenta años y vivirá todavía otros siete. Todos sus hijos y nietos han muerto. El monarca continúa ocupándose de los problemas del Estado.
La muerte de Luis XIV comienza el 10 de agosto de 1715. A su regreso de caza de Marly, el Rey siente un dolor intenso en la pierna. Su médico Fagon le diagnostica una ciática. Pero pronto aparecen manchas negras: se trata de una gangrena senil. A pesar de los terribles dolores, el Rey se dedica a sus ocupaciones habituales sin rechistar. Pretende asumir sus funciones hasta el final. El viejo roble parece invencible y despierta la admiración de todo el mundo. Pero el 25 de agosto, el día de su cumpleaños, se ve obligado a guardar cama. Desde ese momento, ya no abandonará la habitación.
La gangrena sigue desarrollándose y llega al hueso el día 26. Los médicos se sienten impotentes. Ese mismo día, el Rey recibe a su biznieto de 5 años, el futuro Luis XV, para prodigarle sus consejos. Le recomienda que alivie a su pueblo y que evite en lo posible hacer la guerra.
Pero la muerte se alarga más de los previsto. El Rey se despide de Madame de Maintenon en tres ocasiones, y de la Corte en dos ocasiones.
El 19 de septiembre de 1715 se oyen en París los tambores que redoblan pausadamente, y los pajes anuncian en cada esquina: ¡El rey ha muerto!
Curiosidades
Con sólo cinco años ya estaba en el poder a la muerte de su progenitor. Los juguetes predilectos del rey eran soldados. Un orfebre de Nancy que había hecho todo un ejército de soldados de plata. Tanto como a sus soldados el amaba los cuentos que le contaban antes de acostarlo. Su cuento favorito era " Piel de Asno". A los nueve años estuvo bastante grave ya que enfermó de viruela.
Luis XIV escogió el sol como emblema. El sol representa a Apolo, dios de la paz
A Luis le gustaba jugar a la Oca o a las cartas. Apostaba fuertes sumas de dinero. Al rey le gustaba representar piezas teatrales al igual que su padre era amante de comedias. EL rey era ventrílocuo y otro arte es que tocaba la guitarra. Amaba el baile y era un excelente bailarín.
Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su enorme influencia, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y, como no, sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas... Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.
Luis XIV lució tacones para disimular su corta estatura. Fue el primer hombre que utilizó tacones altos y revolucionó la moda del calzado. Prohibió al resto de la corte usara estos nuevos zapatos con la pena de muerte.
Durante 72 años, los que permaneció en el poder, más tiempo que ningún otro monarca. Las extravagancias de un Rey todopoderoso no tardaron en aparecer. Se estima que una media de cien personas, todos hombres, asistía, a diario, al despertar del Rey para presenciar el aseo, peinado, afeitado y desayuno del monarca. El almuerzo de Luis XIV, en un principio privado, se convirtió también en un acto público -similar al despertar- en el que los asistentes eran meros observadores. Pero, además, impuso puntillosas reglas que designaban la superioridad de aquellos que podían dirigirse a los grandes personajes, cuándo y dónde. Y es que para el monarca, el arte del aparentar era realmente primordial. De hecho, para ganarse los favores del Rey, aspectos como la belleza física o la posesión de fortuna suficiente para poder cambiar varias veces al día de indumentaria adquirieron una enorme importancia.
Luis XIV -un hombre ilustrado donde los haya e irresistible por su enorme autoridad- conquistó a numerosas mujeres de la corte. Pese a todo, sólo contrajo matrimonio en dos ocasiones: en 1660 con la infanta española María Teresa, hija del Rey de España Felipe IV, y en con madame Maintenon, quien le instó para que contuviera la inmoralidad imperante en la corte.
La reina María Teresa, baja y regordeta, hablaba con dificultad el francés y vivía casi ignorada pero en perpetua adoración de su esposo, al que daría seis hijos, todos fallecidos en la infancia, a excepción del gran delfín.
El régimen de las amantes oficiales había empezado al poco tiempo de su casamiento, cuando el rey estableció una estrecha relación con su cuñada madame Enriqueta, duquesa de Orleans y, para evitar el escándalo, tomó por amante a una dama de honor de ésta, Louise de La Vallière. Era una muchacha tímida y algo coja, de dieciséis años, que le dio tres hijos ilegítimos que serían criados por la esposa de Colbert.
En 1667 La Vallière fue reemplazada por François-Athénaïs de Rochechuart, la espléndida marquesa de Montespan, que durante diez años dominó al rey y a la corte como la verdadera sultana de las fiestas de Versalles. Sus numerosos alumbramientos (siete en total) fueron tema del parlamento, que legitimó a los cuatro hijos bastardos que sobrevivieron. El rey se separó de ella cuando vio implicada en el llamado caso de los venenos, y fue acusada de brujería y asesinato.
Periódico:
LE MONDE
JEUDI 5 SEPTEMBRE 1682
FIESTA DE INAGURACIÓN DEL
PALACIO DE VERSALLES
El traslado del rey y toda su corte fue el pasado mayo de 1682.
Luis XIV ha dejado la insalubridad de París y ha decidido construir aquí una pequeña ciudad alejada de los problemas y de las conspiraciones.
Nos informan que a Versalles se han trasladado veinte mil personas, además de nueve mil soldados acuartelados en la villa. En Palacio viven mil cortesanos y cuatro mil sirvientes.
Como todos sabemos, el palacio está construido para simbolizar la majestad y grandeza de nuestro monarca; así, su dormitorio, ocupa un lugar central en el eje este-oeste, siendo a la vez lugar de culto y emanación de poder. Pero al monarca ama el orden y su vida diaria se desarrolla siguiendo la ruta solar, de este a oeste, y cada acto está programado hasta la saciedad, incluso en sus más íntimos detalles. La vida cotidiana del Rey Sol se convierte en materia de culto, desarrollándose complejas ceremonias que rodean ritualmente a actos personales como el "lever" o el "coucher" del monarca, asimilados al amanecer o el atardecer del Sol. Libros de protocolo describen y reglamentan los actos, como si de una obra teatral se tratase, describiendo cada movimiento de los numerosísimos servidores y previendo cualquier incidencia. El ceremonioso monarca pasa horas antes de dejar la cama y vestirse por completo; la Corte está presente en todos sus actos: la cercanía al Rey simboliza su presencia y
participación en el esplendor del firmamento. Los aristócratas más cercanos observan como un privilegio servir a su rey hasta en las tareas más íntimas, y se instalan en pequeñas dependencias anexas.
El rey recibe a los cortesanos en las grandes salas, una fila de piezas enormes, la mayor, la Galería de los espejos, de 72 metros de larga por 10 de ancha y 13 de alta. Las paredes están cubiertas con grandes espejos que adornan trofeos de cobre dorado, los muebles son de plata maciza, cincelada. Por la noche se encienden los candelabros. Toda la Corte se reúne tres veces a la semana, de las siete a las diez.
La fiesta tendrá lugar en los fastuosos jardines de Palacio y empezará a las 19:00 horas e irá seguido de una cena a las 22:00 horas. A continuación habrá baile y la fiesta terminará con un carrusel de fuegos artificiales.
Nos gustaría poder realizar a su Majestad varias preguntas:
- Majestad, Dicen que dispone el palacio de salas especiales para sus aficiones personales como la Sala de Pelucas, la de Billar o la Sala de Cuadros ¿es verdad?
- Majestad, sabemos que es aficionado a jugar al billar y a otros juegos de azar ,¿es verdad que ha perdido en seis meses un millón francos, pues le gusta jugar una gran suma a una sola carta?
- Excelencia, ¿asistirá esta noche, madame Maintenon a su fiesta? ¿es verdad que vive en uno de los apartamentos de Palacio? ¿qué opina la reina?
André Lasserre
Luis XIV on Dipity.